
POR Belén Fernández Salinger
07/05/2026
Hay algo que hacemos todos sin darnos cuenta.
Nos pasa algo…
y dejamos de decir “esto me está pasando”
para empezar a decir “esto soy yo”.
Estoy triste.
Estoy mal.
Estoy perdida.
Y sin darnos cuenta, lo que era una emoción…
se convierte en una identidad.
Pero hay una forma muy sencilla de verlo distinto.
Tan sencilla que casi parece una tontería.
Tú dices:
mi cuerpo
mi mente
mis pensamientos
Entonces…
¿quién es ese “yo” que dice mi?
No eres tu cuerpo.
Pero lo habitas.
No eres tu mente.
Pero la usas.
No eres tus emociones.
Pero las sientes.
El problema no es sentir.
El problema es confundirte.
Es como tu casa.
Dentro hay cosas:
muebles
objetos
a veces orden
a veces caos
Pero la casa no es cada cosa que hay dentro.
Y contigo pasa igual.
La tristeza puede estar en ti.
El miedo puede aparecer.
El dolor puede doler.
Pero eso no te define.
Porque hay una parte de ti
que se da cuenta de todo eso.
Y eso… no cambia tan rápido.
Cuando no ves esto, te pierdes.
Te peleas con lo que sientes.
Intentas quitarlo, taparlo, arreglarlo.
Y cuanto más luchas… más te enredas.
Pero cuando lo ves…
no dejas de sentir,
pero dejas de identificarte.
Y ahí cambia todo.
No porque la vida sea más fácil,
sino porque ya no te conviertes en cada cosa que pasa.
A veces no necesitamos ordenar la vida.
A veces solo necesitamos dejar de creernos el desorden.