CUANDO YA NO SABES DÓNDE TE VES (Y ESO ESTÁ BIEN)

POR Belén Fernández Salinger
09/01/2026

CUANDO YA NO SABES DÓNDE TE VES (Y ESO ESTÁ BIEN)

Recuerdo que hace años, cuando ibas a una entrevista de trabajo, había una pregunta casi obligatoria:
¿Dónde te ves de aquí a 15 o 20 años?

Y parecía una buena pregunta.
Una pregunta seria.
Una pregunta que había que saber responder bien.

La respuesta correcta no tenía nada que ver contigo.
Tenía que ver con encajar.
Con demostrar estabilidad.
Con vender un futuro previsible.

Decías algo parecido a:
“me veo creciendo en la empresa”,
“formando una familia”,
“consolidándome profesionalmente”.

Y nadie se preguntaba si eso era verdad.
Ni tú misma.

Hoy, si me hicieran esa pregunta, solo podría responder una cosa:
no tengo ni idea dónde me veo.

No dentro de 20 años.
A veces ni dentro de media hora.

Y no lo digo desde la confusión.
Lo digo desde la conciencia.

Porque durante años nos enseñaron a vivir en automático.
Como si la vida fuera una sucesión de pasos lógicos que no hacía falta cuestionar.

Naces. Creces. Estudias. Trabajas. Buscas estabilidad. Te casas. Tienes hijos.

Y casi nadie te pregunta si eso encaja contigo.
Se da por hecho que esa es la forma correcta de ser feliz.

Hay muchísima gente viviendo así.
No porque esté dormida,
sino porque nunca se permitió parar.

Porque detenerse implicaba una pregunta peligrosa:
¿y si no quiero esto?

Entonces sigues.
Cumples.
Aguantas.

Y un día, quizá con 40, con 50 o con el cuerpo ya cansado,
te das cuenta de algo incómodo:
que ni casado,
ni con hijos,
ni con estudios,
ni con estabilidad,
eres feliz.

Y ahí empieza el vértigo.

Porque descubres que a lo mejor tú eras feliz escribiendo.
O viviendo solo.
O con una vida sencilla.
O sin pareja.
O sin hijos.

Y que quizá no tienes instinto paternal o maternal.
Y eso no te hace menos humano.
Solo te hace honesto.

Pero hay otra capa todavía más delicada:
la del amor idealizado.

Mucha gente no se casa por amor.
Se casa por una idea del amor.

La idea bonita.
La película.
El “formamos una familia”.
El “esto es lo que toca ahora”.

Idealizas a la persona.
Idealizas la relación.
Idealizas el futuro.

Y confundes amor con proyecto.

Durante años todo parece encajar.
La rutina, los hijos, el trabajo, la vida que avanza.

Hasta que un día —no de golpe, sino poco a poco—
empiezas a notar que algo no cuadra.

Y te haces una pregunta que duele:
¿esto era amor… o era costumbre?

Porque si esta persona me amara como yo pensaba que me amaba,
¿no buscaría más tiempo para estar conmigo?
¿no tendría ganas reales de compartir?
¿no estaría presente, de verdad?

Y entonces aparece la contradicción más dura:
esa persona que defendía la familia como un valor sagrado,
ahora vive cargada, agobiada, enfadada con todo.

Los hijos pesan.
La convivencia molesta.
El tiempo compartido incomoda.

Y ahí no se rompe solo la pareja.
Se rompe el relato.

El “yo creía que…”.
El “esto se suponía que…”.
El “yo lo imaginé así”.

La realidad no negocia con los “yo quería”.
La realidad es.

Y cuando llega ese golpe,
esa hostia de realidad,
no viene a castigar.
Viene a despertar.

No es que el otro haya cambiado tanto.
Es que tú estabas mirando desde una fantasía.

Aceptar eso es durísimo.
Porque no duele solo lo que ves del otro.
Duele admitir que idealizaste.

Y aun así,
ese momento es uno de los más lúcidos que existen.

Porque ya no puedes seguir engañándote.

Por eso, cuando hoy te preguntan:
¿dónde te ves dentro de 15 o 20 años?

La única respuesta honesta es:
no tengo ni idea.

Y no porque estés perdido.

Sino porque ya no estás dispuesto a inventarte una vida
para tranquilizar a nadie.

La vida que queremos vivir
no se construye proyectando un futuro perfecto.

Se construye dejando de mentirnos.

Y quizá vivir despierto no sea tener todas las respuestas.

Quizá sea algo mucho más sencillo y mucho más valiente:

No traicionarte.

 

Utilizamos cookies propias y de terceros para el análisis de tus hábitos de navegación y realizar estudios estadísticos, mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias y compartir o mostrar contenido de este sitio web en redes sociales. Si continúas navegando, consideramos que aceptas la utilización de cookies. Puedes obtener más información en nuestra Política de Cookies.