CUANDO EL DOLOR NO SE VE

POR Belén Fernández Salinger
03/09/2026

CUANDO EL DOLOR NO SE VE

Cuando el dolor no se ve.

Si alguien nos dice que lleva varios días con un dolor insoportable en el pecho, le decimos que vaya al médico.

Si alguien no puede apoyar una pierna, pensamos que necesita una radiografía.

Si tiene fiebre durante días, un dolor abdominal intenso o una herida que no cura, nadie espera que lo solucione con fuerza de voluntad.

«Ve al médico.»

Nos parece lógico.

Pero cuando lo que duele no se puede señalar con un dedo, nuestra respuesta cambia.

«Tienes que poner de tu parte.»

«No pienses tanto.»

«Anímate.»

«Todo el mundo tiene problemas.»

«Eso son cosas de adolescentes.»

«Lo hace para llamar la atención.»

«Los psicólogos no sirven para nada.»

«Es que no quiere trabajar.»

«Hay que ser más fuerte.»

Y siempre me ha resultado sorprendente esa diferencia.

¿Cuánto tiene que doler algo que no vemos?

Hace poco escuché a dos personas hablar sobre sus autolesiones.

Habían llegado a hacerse daño por razones diferentes.

Una de ellas explicó que, en un momento de enorme angustia, comenzó a rascarse el brazo. Sentía tanto dolor emocional que buscó provocar un dolor físico con la esperanza de que aquel dolor concreto consiguiera apartar al otro.

Durante un instante funcionó.

De repente, lo que dolía era el brazo.

Hasta que descubrió algo terrible y sencillo a la vez:

el dolor emocional seguía allí.

Ahora le dolían los dos.

La otra persona escuchó su relato y dijo:

«A mí me pasaba algo parecido.»

La conducta podía parecer la misma.

La necesidad que había debajo no lo era.

Una necesitaba dejar de sentir algo.

La otra necesitaba sentir algo para comprobar que seguía allí.

Y aquello me hizo pensar.

La herida es solamente lo que podemos ver

Es muy fácil observar una conducta desde fuera y juzgarla.

Mucho más difícil es preguntarse:

¿Qué estaba intentando resolver esa persona cuando hizo eso?

Porque detrás de una autolesión hay una persona.

Detrás de una crisis de ansiedad hay una persona.

Detrás de alguien que no consigue levantarse de la cama hay una persona.

Detrás de quien deja de trabajar porque no puede más hay una persona.

Y detrás incluso de quien hace algo que desde fuera nos parece incomprensible puede existir un sufrimiento que nosotros desconocemos.

Sí, habrá personas que finjan.

Habrá quien exagere.

Habrá quien utilice una situación para obtener algún beneficio.

Como existen personas que engañan, roban o manipulan en cualquier otro ámbito de la vida.

Pero la existencia de algunas personas que mienten no convierte en mentirosas a todas las demás.

Y utilizar esa posibilidad para desacreditar el sufrimiento psicológico me parece profundamente injusto.

«Solo quiere llamar la atención»

Esta frase merece una reflexión aparte.

Porque imaginemos por un momento que fuera verdad.

Imaginemos que alguien se hace daño porque quiere llamar nuestra atención.

Entonces quizá la pregunta no debería ser:

«¿Por qué quiere llamar la atención?»

sino:

«¿Qué le está pasando para necesitar pedir que la veamos de esta manera?»

A veces una llamada de atención es exactamente eso:

una llamada.

El problema es que nosotros utilizamos la expresión para dejar de escuchar.

La fortaleza tampoco consiste en poder con todo

También hemos asociado durante demasiado tiempo el sufrimiento psicológico con una especie de defecto personal.

Si puedes con todo, eres fuerte.

Si necesitas ayuda, eres débil.

Pero nadie espera que una persona suelde sola un hueso roto.

Nadie considera una derrota ponerse gafas porque no ve bien.

Nadie piensa que acudir al fisioterapeuta demuestra falta de voluntad.

¿Por qué entonces seguimos aplicando esas reglas cuando hablamos de nuestra salud mental?

El cerebro también pertenece al cuerpo.

Y nuestra capacidad para regular emociones, interpretar lo que vivimos, soportar determinadas situaciones o encontrar una salida cuando estamos desbordados tampoco es infinita.

Hay momentos en los que necesitamos ayuda.

Profesional, familiar, social.

Humana.

Hay dolores que no dejan moratón.

Quizá una de las mayores dificultades del sufrimiento emocional sea precisamente esa:

muchas veces no se ve.

Podemos cruzarnos con alguien que trabaja, hace bromas, lleva a sus hijos al colegio, contesta mensajes, prepara la comida o sale a tomar un café.

Y no tener la menor idea de la batalla que está librando dentro.

Por eso me parece tan peligroso frivolizar.

Porque cuando una persona escucha una y otra vez:

«Eso son tonterías.»

«Espabila.»

«Otros están peor.»

«Lo que tienes que hacer es distraerte.»

«Solo quieres llamar la atención.»

puede acabar aprendiendo algo terrible:

que cuando esté realmente mal es mejor no contarlo.

Y precisamente entonces es cuando más necesitamos que lo cuente.

Yo he conocido el dolor emocional.

Sé lo que significa llegar a un punto en el que vivir puede dejar de parecer una opción deseable.

Y precisamente por haberlo conocido me resulta imposible considerar débil a quien atraviesa algo semejante.

Tampoco creo que haberlo vivido me permita saber exactamente qué siente otra persona.

Cada historia es distinta.

Cada dolor tiene su origen.

Cada persona necesita cosas diferentes.

Pero sí me enseñó algo:

que el hecho de que un dolor no pueda verse no significa que duela menos.

Quizá algún día consigamos tratar la salud mental con la misma naturalidad con la que tratamos cualquier otro problema de salud.

Que alguien pueda decir:

«No estoy bien. Creo que necesito ayuda.»

Y que nuestra respuesta no sea un juicio, un consejo improvisado ni una lección sobre fortaleza.

Que sea simplemente:

«Pues vamos a buscarla.»

Porque detrás de cada acto que vemos hay mucho más que ese acto.

Hay una historia.

Hay unas circunstancias.

Hay una persona.

Y antes de juzgar lo que hizo, quizá deberíamos preguntarnos cuánto estaba doliendo aquello que nosotros no podíamos ver.

Utilizamos cookies propias y de terceros para el análisis de tus hábitos de navegación y realizar estudios estadísticos, mostrarte publicidad relacionada con tus preferencias y compartir o mostrar contenido de este sitio web en redes sociales. Si continúas navegando, consideramos que aceptas la utilización de cookies. Puedes obtener más información en nuestra Política de Cookies.