
POR Belén Fernández Salinger
10/04/2026
Hay algo que me llama profundamente la atención sobre todo esto de volver a la Luna, de preparar viajes a Marte, de construir estaciones, de hablar de colonizar otros lugares…
Y no es la tecnología.
No es la capacidad.
No es ni siquiera el logro.
Es la intención.
Porque sí, es impresionante que el ser humano sea capaz de salir de la Tierra, de calcular trayectorias imposibles, de diseñar naves que viajan millones de kilómetros…
Pero al mismo tiempo, seguimos sin saber estar en nosotros.
Y ahí es donde algo no encaja.
No digo que esté mal explorar.
No digo que no tenga sentido avanzar.
Claro que todo eso puede aportar: a la medicina, a la ciencia, a la vida en general.
Pero no puedo evitar ver el patrón.
Antes se conquistaban tierras.
Después, mercados.
Ahora… el espacio.
Y en el fondo, sigue siendo lo mismo.
Ansia de poder.
Ansia de control.
Ansia de acumular.
Como si estuviéramos buscando fuera algo que no nos hemos permitido encontrar dentro.
Y entonces aparece el contrapunto.
Porque no todos miramos al cielo desde el mismo lugar.
Hay quien mira al cielo para conquistar.
Y hay quien lo mira para encontrarse.
Y las dos cosas, curiosamente, conviven.
No se trata de juzgar.
Se trata de observar en qué punto estamos como humanidad.
Porque quizá el verdadero salto no sea llegar más lejos…
sino aprender a estar.
A estar en silencio.
A estar en coherencia.
A estar sin necesidad de dominar nada.
Y desde ahí, sí.
Explorar lo que quieras.
Ir donde quieras.
Crear lo que quieras.
Pero sin necesidad de llenar un vacío.
Porque cuando ese vacío no está…
ya no necesitas conquistar nada.